domingo, 17 de febrero de 2013

Gatijo

Debo confesar que a menudo confundo un gato con un hijo,
no es de loca, lo atribuyo a mi conducta animal que no distingue entre colas redondas y colas largas.
Aunque un poco loca también estoy.
Cuando conozco un gato me meto a hurgarle la panza para encontrale el ombligo, que no es como el ombligo del humano con recobecos. Aunque no te lo imagines el pupo del gato no tiene pelos, así lo distingo, es un redondel blaquito y pelado y capáz que encuentres algunas tonalidades rosadas, pero ojo que no es una teta, esta en centro, justito en el centro.
A veces saco al gato del placard y lo acurruco en mi pecho, se empieza a despertar y se estira todo, es un completo bebé, solo que tiene bigotes largos y hocico.
Las solteras confundimos a los gatos con hijos, los vestimos, les sacamos fotos, hablamos de ellos como si fueran niños, los llamamos al grito de "Hijo, donde estas?" cuando llegamos del trabajo, les ponemos nombre de personas y buscamos un hombre amoroso que los acaricie.
Del otro lado de la casa -escondidos-  los gatos opinan que las solteras deberíamos tener hijos y dejarlos a ellos ser simplemente gatos.

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